Jorge Olivera Castillo
LA HABANA - El profesor Fernando Ruiz traza con su informe LAS PEORES ZONAS PARA EJERCER EL PERIODISMO DURANTE EL SEGUNDO SEMESTRE DEL 2007 otra línea roja sobre el periodismo en Cuba. Desde Argentina observa, con ojo crítico, que ocurre en la región en cuanto al desempeño de la prensa.
Aunque no quiera, en su recorrido virtual tiene que detenerse en la mayor de las Antillas. Un sitio donde el área para el ejercicio de la libertad de expresión aún es propiedad del estado.
Se publica y se transmite lo que deciden las instancias del partido comunista. La única entidad política que se parapeta tras una Constitución hecha más como un aditamento con vista a la perpetuidad de una élite de poder que como un documento donde armonizar los intereses de gobernantes y gobernados.
“Cuba mantiene el control de la comunicación pública durante la transición sucesoria. El liderazgo de Raúl Castro no ha generado ninguna señal de apertura en el ámbito de los medios de comunicación oficiales y mantiene un muy alto nivel de represión sobre la comunicación disidente en el interior de la isla”, refleja Ruiz en el informe.
Al abordar el asunto no deja resquicios para el desmentido. Consigue en apenas un párrafo sintetizar lo que ocurre desde el mes de julio de 2006, cuando Fidel Castro delegó el poder temporalmente a su hermano tras una grave enfermedad de la que todavía convalece.
Algunas voces dentro y fuera de la isla vaticinan el inicio de ciertos cambios durante el año en curso. Se ha comentado la posibilidad del surgimiento de un periódico, bajo los auspicios del régimen, donde se abordarán temas sensibles sin el lastre de la ideologización y con un mayor acercamiento a la objetividad.
Tal anuncio no logra saltar las barreras del rumor. Algo propio en las sociedades cerradas, desprovistas de vías alternas de información.
Es difícil creer en este tipo de iniciativa al repasar una realidad que conserva, en la superficie y en sus raíces, los rasgos del inmovilismo.
Más de 20 periodistas independientes languidecen en celdas de diversas prisiones por romper, con su labor, los rígidos esquemas gubernamentales.
Reportar un desalojo, comentar un decreto gubernamental con un perfil crítico, realizar un reportaje sobre algún asunto que roce la susceptibilidad de la nomenclatura, puede convertirse en motivaciones usadas por la fiscalía para entablar un juicio, probablemente sumario y sin garantías de imparcialidad.
Existe una tendencia a disminuir las sanciones de privación de libertad contra la prensa independiente, pero se observa un alza en el hostigamiento, las detenciones, las amenazas y los intentos de desestabilización que no descartan el uso de turbas parapoliciales.
A esto se agrega el trato hostil que reciben los comunicadores encarcelados que se mantienen en condiciones altamente perjudiciales para su integridad física y espiritual.
Intuyo que la voluntad del poder para reconsiderar aspectos que marcan una impronta estalinista, es mínima.
Temen perder sus prerrogativas, quedar indefensos ante sus crímenes, evitan el juicio de la historia. No obstante, el tiempo se les acaba y el proceso acumulativo de sus excesos alcanza magnitudes insostenibles.
Fernando Ruiz evalúa los avances y retrocesos del periodismo en la región, con economía de palabras y sin menoscabo de la objetividad.
Cita los casos de agresión a periodistas, en México por parte de policías, militares, autoridades públicas y narcotraficantes. De Argentina alude “el contexto de una peor cultura institucional que mantiene un modelo de comunicación gubernamental que ha demostrado ser exitoso para conservar la gobernabilidad y ganar elecciones”.
También subraya el financiamiento de los medios estatales de Bolivia con recursos del gobierno venezolano como algo en detrimento de la libertad de expresión.
Dudo que Cuba pueda sobresalir positivamente en los próximos informes. Para lograrlo se tendrán que mover muchas fichas y esa no parece ser la intención.
Para entonces, Fernando podrá venir otra vez a la isla. No será lo que es ahora: una persona non grata.
Fue expulsado, a raíz de sus entrevistas con varios comunicadores independientes, en 2002. De esos contactos surgió el libro, Otra grieta en la pared: informe y testimonios de la nueva prensa cubana.
El Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL), hizo posible el empeño editorial. Una institución a la que pertenece este profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral.
¡Bravo, Fernando!
Sunday, February 24, 2008
La Libertad Secuestrada - 24/02/08
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Cuba Responde
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12:25 PM