Sunday, February 10, 2008

Rejuegos Electorales - 10/02/08

Jorge Olivera Castillo
Comentario sobre artículos en La Jornada y Terra Actualidad - EFE en referencia a las elecciones en Cuba

LA HABANA - Es muy posible que el próximo Consejo de Estado disponga que Raúl Castro sea el jefe de estado y gobierno de Cuba. Sería el punto culminante de la sucesión. Un traspaso que a nadie tomaría por sorpresa. Finalmente investido con todas las potestades del poder absoluto, ¿emprenderá Raúl las necesarias reformas o será el fiel continuador de una revolución sin asideros reales para detener su declive?

Existen opiniones diversas en torno a la conformación del nuevo Consejo. Algunos estiman que en vez de una persona ocupar la doble representación (Jefe de Estado y Jefe de Gobierno), serán dos las que compartirán los cargos respectivamente.

Otros estiman que Raúl desempeñará ambas responsabilidades, pero con carácter temporal. Su fin, de acuerdo a rumores que circulan entre improvisados analistas del pueblo, es continuar detentando la primacía en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior. Dos instancias fundamentales para tener un control efectivo de cuanto se decida hacer en lo adelante.

A tono con lo que se aprecia, no parece que Fidel Castro pueda reasumir sus cargos en el máximo órgano ejecutivo de la nación debido a su deteriorada salud. Ya es de conocimiento público la mayor cantidad de votos obtenidos por Raúl, hecho nada fortuito, en un posible ajuste del poder con visos de autenticidad, pero imposible de convencer a partir de un trasfondo con nulos grados de transparencia y altos índices de manipulación.

Pienso que habrá una lenta evolución hacia un socialismo que tenga algunas diferencias del existente, pero sin tocar los fundamentos esenciales. Este podría ser el derrotero a tomar por los sucesores, al menos en el corto plazo.

Es muy difícil que Raúl tire por la borda el legado de su hermano. Desembarazarse de las responsabilidades asumidas durante un mandato tan largo donde fungió como segundo al mando, es abstraerse de una realidad demasiado evidente y llena de acontecimientos sumamente controversiales.

Además, Fidel aún vive y esto resulta un freno para poner en práctica transformaciones de envergadura.

Aunque existan condicionantes para desechar perspectivas halagüeñas en cuanto a aperturas de gran calado, el factor tiempo marcha en sentido contrario al sector que apuesta por un mantenimiento del status quo. Quienes se niegan a adoptar otras fórmulas de gobierno que sirvan para salir del estancamiento y revolucionar las estrategias de desarrollo material y espiritual, exponen al país a mayores tragedias. De hecho, ya existen graves peligros que ponen en entredicho la soberanía e incluso la identidad de la nación.

La intromisión en los asuntos internos por parte de Hugo Chávez. El trato de patrón hacia sus súbditos que sostiene el líder populista venezolano, para con los regentes del poder en isla, sobrepasa los límites de la abyección.

Confiar el futuro a las manos de un gobierno extranjero bajo el mandato de un presidente que promueve, con desatino, la confrontación, las poses rocambolescas y todo un arsenal de dislates que dan al traste con el fracaso, es una actitud irresponsable.

Raúl Castro tiene las herramientas para corregir la ruta que conduce al abismo. Ya es hora de tomar conciencia de la realidad y dejarse de tibiezas o temores ante la agenda de la historia.

Rectificar es de sabios. Seguir alargando un drama que lleva tantos años en cartelera, es inmoral y suicida.

Más allá de rejuegos electorales se impone una definición clara del futuro. El 24 de febrero se sabrá quienes integrarán el nuevo Consejo de Estado. Es cierto que llega por decantación de unas elecciones que no cumplen mínimos parámetros de seriedad, pero podría ser el punto de inicio de interesantes propuestas. No soy muy optimista. Las dictaduras no han perdido la manía de mentir, de venderse como portentos de racionalidad y después hacer lo más conveniente para seguir en sus tropelías. Un cambio de rostros o de procedimientos no es una señal para asegurarse de que ocurrirá una apertura. Podrían ser simples formalismos. Tácticas de supervivencia. No es mi propósito aguarle la fiesta a quienes piensan que un cambio de mentalidad en la nomenclatura está en ciernes. Es precaución para después no sufrir de desengaños.