Tuesday, March 4, 2008

¿Habrá transición en Cuba? 04/03/08

Jorge Olivera Castillo.

El autor comenta sobre el artículo del periodista argentino Pablo Díaz de Brito titulado "Fidel dejó el poder formal, no el real" donde se exponen las ideas sobre este tema del presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo en América Latina (CADAL), Gabriel Salvia.

LA HABANA - No hay señales de cambio en Cuba. La situación es estática, nebulosa, controvertida. Cualquier definición es válida siempre que ilustre un ambiente donde el juego es el mismo: retórica, control represivo, continuismo político y vigencia del monopolio estatal en la esfera económica.

Se echan a rodar rumores que alimentan las esperanzas. Algún dirigente dibuja en un discurso la arquitectura del cambio, pero parece que todo es parte de un simulacro.

En realidad el estancamiento, la ineficiencia y el dominio de la burocracia, siguen siendo los mismos protagonistas de un régimen sin fuerzas ni voluntad para reformular sus conceptos y estructuras.

A una dictadura de casi medio siglo le es difícil reprogramarse. Ya se ha acostumbrado a un mandato sin rendir cuentas, a una prensa dócil que le sirve de soporte y a una unanimidad forjada a golpe de cárcel, turbas parapoliciales y finas torturas importadas de los cuerpos de seguridad del desaparecido campo socialista.

El presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo en América Latina (CADAL), Gabriel Salvia, insta a la cautela, opta por un claro escepticismo a la hora de analizar cuál será el derrotero a tomar por la llamada revolución cubana.

Creo que ambas condiciones señalan dos de las mejores alternativas en el procedimiento de examinar la problemática en la isla. Cautela, porque apresurarse a dictar vaticinios positivos en medio de escenarios donde la incertidumbre marca las pautas principales, puede resultar en un fiasco rotundo, y además sería otra suerte de banda con qué alargar el perímetro de la cortina de humo flameando delante de los verdaderos deseos de la nomenclatura. Y escepticismo, debido a la hábil capacidad de adaptación del régimen de La Habana, ahora con la cara de Raúl Castro y las orientaciones de Fidel.

Salvia no se equivoca en las atinadas valoraciones recogidas por su coterráneo Pablo Díaz de Brito. Observa, con suspicacia, las posibles maniobras para pasar gato por liebre, o dicho de otra manera, retocar la fachada y dejar el mobiliario de antaño.

Un detalle interesante expuesto por el funcionario de CADAL es el caso de la doctora Hilda Molina, quien hace más de 12 años espera por un permiso de salida para ir a ver a Argentina a su hijo y conocer sus nietos.

La señora Molina renunció a su militancia en el Partido Comunista, a su escaño en la Asamblea Nacional del Poder Popular (parlamento), y denunció el trato preferencial hacia los extranjeros, en detrimento de los nacionales, en el Instituto de Neurociencia donde llegó a desempeñarse como una de sus dirigentes.

Desde entonces es una rehén para la que no habido clemencia de ninguna índole. La autorización para su reencuentro familiar sería un signo a tener en cuenta para valorar si el totalitarismo que encabeza ahora Raúl Castro persiste en su atrincheramiento o decide comenzar a desmontar algunas piezas para tratar de hacerlo más digerible.

También Salvia alude a lo que denomina chino-pinochetismo, basado en la fórmula de brindar espacios económicos y persistir en la negación de los derechos políticos.

Por otro lado advierte la probabilidad de una implosión a causa de la acumulación de insatisfacciones populares. Es cierto que esto o un mal manejo de la situación podrían quebrar las anquilosadas estructuras estatales y propiciar un desborde anárquico de fatales consecuencias internas y regionales. Aparte de los hechos vandálicos, ajustes de cuentas, entre otras reacciones a la ausencia de autoridad habría que prever un frenético éxodo masivo.

Es obvio que los sucesores tendrán que recurrir a los gestos, de cara a la comunidad internacional, como una manera de acopiar cuotas de legitimidad. Coincido con Salvia que quizás se proceda a la liberación de una cantidad sustancial de presos de conciencia en los próximos meses fundamentalmente los reos implicados en los sucesos de la primavera negra de 2003. Eso constituiría un acto para ganar tiempo, según este profesor argentino, aseveración con la que concuerdo en su totalidad. Pienso que aunque tal práctica sería bienvenida es factible el mantenimiento de las exigencias en torno a un programa integral de pasos graduales hacia el desmontaje del sistema.

Sobre sus deseos de que Estados Unidos acceda a proponerle a Cuba su integración al Tratado de Libre Comercio que mantiene con Centroamérica a cambio de levantarle el embargo, esto podría ser una de las variantes para sacar del congelamiento el asunto del cual Cuba saca notable ventaja diplomática. No obstante, pienso que este es un asunto de elevada complejidad dado el número de intereses en pugna tanto políticos como económicos de ambos lados.

Sería muy útil que Estados Unidos redoblara el estudio sobre las medidas a tomar sobre el balance de resultados tangibles. El ambiente recaba atención aparte de cautela y escepticismo. A partir de un ajuste de las políticas en relación a Cuba podrían aparecer nuevos escenarios que propiciaran una verdadera posición común internacional contra lo que parece ser la misma dictadura con otros rostros.

Gabriel Salvia alumbra con sus opiniones las zonas oscuras de América Latina. Lo hace con serenidad y profundo sentido del análisis. Cuba permanece en su radio de acción. Es difícil que salga de sus objetivos mientras persista un ciclo dictatorial que busca conservarse. Es un compromiso asegurar la mirada atenta y los oídos en vela. No se puede admitir que una dictadura hereditaria consiga el beneplácito del mundo.
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