Jorge Olivera Castillo
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En una entrevista con el periódico La Jornada de México, el subdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana adscrito a la Universidad de la Habana, Omar Everleny ofrece una pormenorizada muestra de la necesidad de llevar a cabo los cambios de manera integral.
Jorge Olivera Castillo explora las posibilidades de estos cambios dado la realidad política en la Isla
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LA HABANA, Cuba - El tiempo se consume en cuenta regresiva. ¿Habrá explosiones de ira o de júbilo?
Realmente nadie sabe la magnitud, ni la certeza de las reformas que Raúl Castro ha prometido en sus cortas y sobrias intervenciones desde que detenta, al menos nominalmente, el máximo poder en Cuba.
Cuba es hoy una bomba en activo que arranca dos interrogantes. ¿Estallido o desactivación? El desenlace se balancea en un compás de espera. Las acciones con vistas a una apertura no acaban de concretarse y cada vez son más visibles las críticas y el hastío de un pueblo que no aguanta otras facetas del continuismo.
Es letal una prolongación del status quo donde la miseria y el terror dictan la línea directriz. Me atrevería a afirmar que hay dudas en torno a la implementación de las medidas descentralizadoras vertidas en muchos de los espacios tanto del poder como de la opinión pública nacional. Mover las fichas, desde el punto de vista psicológico es admitir la derrota de una ideología que ha negado valores intrínsecos a las libertades individuales como el hecho de producir o brindar servicios sin la sombra del estado.
La nomenclatura no se adaptará fácilmente a una permuta de ideas. Ha permanecido durante mucho tiempo anclada a una visión dogmática del pensamiento. Además, se han encargado de blindar la retaguardia con oasis capitalistas regentados por militares.
No digo que estén a resguardo de adversidades, pero aún disponen de recursos para sobrevivir al menos en el corto plazo.
Una realidad basta para anunciar el aumento de la tirantez política y social en relación al comienzo y la dimensión de algo que los más optimistas se atreven a llamar transición: Fidel Castro está enfermo y no muerto. Su hermano será muy cuidadoso en borrar su legado.
Si decidiera realizar algunas modificaciones estructurales como vía para, según ha dicho, racionalizar el proyecto revolucionario, esto revelaría sus intenciones de hacer discretamente viable el sistema. La gerontocracia tratará de imponer su agenda por encima de los juicios razonables y esto no suele no coincidir con el mandato de la sensatez y la supervivencia a largo plazo.
Pese a la inminente presencia de tales escenarios atados a la subjetividad de sus protagonistas, subsisten realidades que incentivan el choque de intereses generacionales y diversifican el alcance de otras complicaciones de mayor calado entre ellas los graves asuntos relacionados con la economía.
En una entrevista con el periódico La Jornada, el subdirector del Centro de Estudios de la Economía Cubana adscrito a la Universidad de la Habana, Omar Everleny ofrece una pormenorizada muestra de la necesidad de llevar a cabo los cambios de manera integral y no a partir de decisiones aisladas.
Entre las medidas que propone esta especie de Think-Thank para la revitalización económica del país aparece la adopción de una nueva tasa de cambio en las operaciones empresariales, el reimpulso a la inversión extranjera, el relanzamiento de la pequeña y mediana empresa, la reducción de los precios en divisas de bienes de consumo básico y la supresión de la alta centralización de la gestión empresarial, asignando una cuota al mercado.
Según recordó el especialista al diario mexicano, la economía cubana sigue entrampada en los bajos crecimientos productivos y la sensible caída de la producción agrícola.
Después de repasar las propuestas del doctor Everleny se llega a la conclusión de que es pertinente el inicio de las reformas. Aplazamiento, intransigencia y falta de voluntad para emprender las iniciativas que eliminen o atenúen las secuelas del socialismo real, son actitudes que dan al traste con la cordura.
El tiempo se agota y la bomba puede estallar. La sociedad bulle de insatisfacciones y desesperanzas. Hay que desactivar el inmovilismo y encender la mecha del sentido común.
Las autoridades deben enfrentar una posible pérdida o disminución del poder antes que seguir desperdiciando el tiempo y las oportunidades de refundar la nación. Atrincherarse no forma parte de las tácticas de salvación. Sería esconderse como lo hace el avestruz. Una inútil manera de escapar a la realidad.
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Saturday, March 22, 2008
La hora cero 22/03/08
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Cuba Responde
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12:53 PM