Wednesday, April 2, 2008

¿Cínico o necio? 02/04/08

Jorge Olivera Castillo

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La publicación Trabajadores reporta desde Caracas declaraciones de Tubal Páez, el presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, el cual destacó en esta capital el absoluto respeto a la integridad para el ejercicio de la profesión en la mayor de Las Antillas.
Sin embargo, en las palabras de Jorge Olivera Castillo a continuación, pudiéramos considerar que el ciudadano en Cuba responde a esta aseveración con total desden dadas las realidades en la Isla.


José A Hernández, MD
Presidente, CubaResponde
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PRENSA, INTERNET Y COMPUTACIÓN

LA HABANA, Cuba -Tubal Páez declara el final de la censura en Cuba. Lo ha dicho sin que le tiemble la voz, sin rodeos y pausadamente para que no haya dudas de ningún tipo. Asegura que en la isla existe absoluto respeto para ejercer el periodismo. Esos policías de civil que persiguen a quienes se atreven a informar sin las cadenas ideológicas de la revolución socialista, son imágenes fantasmagóricas. Las turbas que vociferan insultos y groserías al “transgresor” que le puso tinta, coraje y objetividad a una noticia son simples invenciones de alguien sumido en el vórtice de una pesadilla.

El señor Paéz ha amplificado sus puntos de vista a través de los micrófonos de Venezolana de Televisión, una de las principales tribunas bolivarianas edificadas por el chavismo en sus afanes de consolidar su proyecto nacional-populista.

Desde Caracas el presidente de la oficialista Unión de Periodistas de Cuba se une al show montado por sus pares venezolanos. Entre todos empujan la idea de una prensa que sirva de lanza y cabalgadura al poder absoluto. Es un convite de enemigos de la libertad de expresión.

Invitado al denominado Encuentro Latinoamericano contra el Terrorismo Mediático, el responsable de mantener la prensa de la isla unida a los fines del partido comunista, enfatiza el presunto clima de tolerancia para quienes desempeñan la labor de mantener informado al pueblo.

Páez defiende el tono unánime de la cobertura informativa. Cree que un profesional de la prensa debe, a la hora de elaborar su trabajo, atenerse a cumplir con una agenda que tal vez le sea ajena, pero que es parte del esquema de poder.

Cuestionar las esencias, ir al fondo de los problemas, criticar en exceso, son procedimientos que si bien no están legalmente prohibidos, sí son terrenos movedizos donde nadie quiere pisar por obvios instintos de conservación.

Desde su perspectiva se observa el mismo paisaje. No hay cambios en la pintura gris de un mundo de uniformidades, silencios y medias verdades. Nada hay que añadirle a su visión de comisario. Todo lo que dice es a favor de unos amos que le susurran órdenes y le preparan el paño de ocasión para que limpie la imagen internacional de la dictadura. Es posible que Páez ni se acuerde cómo darle forma a una crónica, ni puntuar con acierto un artículo. Sus asuntos están indisolublemente ligados a las pistolas y a los espejuelos de cristales de aumento.

Las primeras para disuadir cualquier actitud de desviación ideológica dentro del periodismo oficial y los segundos para censurar los textos “subversivos” de una sola ojeada.

Da pena leer las palabras del funcionario de marras expresadas a la televisión estatal de Venezuela. Señalar que en Cuba ningún periodista ha sido agredido, asesinado o desaparecido, es un indicio de su no confiabilidad como fuente de información.

Basta remitirme a los más de 20 comunicadores independientes que languidecen en las cárceles cubanas por ejercer la profesión, para que Tubal le haga honor al silencio.

Sé que no tendrá valor para callar sus imposturas. Está programado para reproducir las ideas de la nomenclatura que le paga. No puede hacer otra cosa que continuar sobre los rieles de una revolución venida a menos.

Voy a abstenerme de categorizar su postura. Me conformo con ponerle estos cascabeles a esa catarata de apologías.
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